Hoy voy a hablar solo para ti, que eres adolescente. Imagina que conoces a una persona maravillosa que te invita a salir y que, para no correr el riesgo de perderte esa oportunidad, le mientes a todos y te escapas a solas. Ahora imagina que esa persona no era la maravilla que creíste, sino un secuestrador, violador o asesino. Imagina que gritas, lloras y quieres que tus padres te ayuden. Ya no tienes que imaginarte el resto, pues sabes que como nadie sabe dónde estás, es imposible que alguien te busque o vaya por ti. Aunque esto pueda parecer muy cruel, es a lo que te expones cuando optas por “mejor pedir perdón, que pedir permiso”. Este escenario es uno de los peores posibles, cierto, pero la verdad es que este peor escenario es cada día el más común, y tomar conciencia de lo que implica debería ser razón suficiente para que no lo hagas nunca. Sin embargo, no es lo único que puede pasar si optas por no decir la verdad. Oficio riesgoso, ese de ser mentiroso Es bien sab...